Historia de Krigler


El perfume de la artesanía, la elegancia y la intriga.

 

Fragancias elitistas y misteriosamente seductoras de la dinastía Krigler, una casa de perfumes icónica a lo largo de la historia que nació del deseo de su fundador, Albert Krigler, de crear fragancias lujosas únicas hechas a mano a partir de los ingredientes más refinados del mundo. Albert Krigler, un químico nacido en Berlín, comenzó a trabajar para la empresa francesa Rallet como aprendiz en su fábrica de Moscú.

 

En 1879, Albert Krigler crea su primera fragancia como regalo de compromiso para su prometida nacida en Francia. Llamó a este aroma Pleasure Gardenia 79. Cuando abrió su primera tienda de perfumes en 1904 en San Petersburgo, Rusia, Pleasure Gardenia 79 fue la primera fragancia que puso a la venta. Poco después, creó Hermitage Heritage 04, una fragancia para hombre. 

 

Debido a los disturbios que se estaban produciendo en San Petersburgo, Albert Krigler se traslada con su familia a Berlín en 1905 y abre una tienda en la avenida “Unter den Linden”. Durante ese mismo año, crea su tercera fragancia, Schoene Linden 05, en honor a esta hermosa y exclusiva avenida de Berlín.

 

 

Unos años más tarde, en 1909, Krigler se traslada al sur de Francia y pasa un tiempo en la región de Champagne. Los perfumes Krigler van ganando popularidad y se venden en Prusia y Europa del Este, así como en la Riviera francesa. En el año 1914, cuando la guerra imponía cambios para todos, Krigler se convierte en una casa francesa. 

 

Krigler Perfumes recupera su fama inicial a principios de los años 1920, posicionándose como una de las favoritas entre miembros de la realeza y celebridades de aquella época. Los creadores de tendencias centran el foco de sus miradas en los aromas del señor Krigler, todos ellos inspirados en lugares tan destacados como Montecarlo, la Riviera italiana y el Mediterráneo. 

 

En 1931, Krigler empieza a vender sus fragancias en la Ciudad de Nueva York, en el Plaza Hotel. Es el año en que se crea America One 31. Durante los años 1940 y la 2ª Guerra Mundial, Krigler se convierte en una empresa franco-americana debido a la pérdida de mucha de su clientela europea. En la década de 1950, el negocio repunta tímidamente en Europa. Tristemente, Albert Krigler fallece en 1954.

 

La cuarta generación de perfumeros Krigler empezó a centrarse en los servicios a medida de la empresa, entre ellos, las fragancias y las velas perfumadas. Las fragancias de Krigler son una combinación experta que complementan sin abrumar a quienes las llevan. Cada uno de estos aromas prodigiosos está hecho amorosamente a mano con los ingredientes naturales más exquisitos. Albert Krigler solía hacer este comentario: “Si decimos a alguien ‘Qué agradable perfume’ significa que el perfume es el equivocado, pero si le decimos ‘Hueles bien’ significa que el perfume es perfecto para esa persona.”

 

Avalada por cinco generaciones de fragancias de lujo, Krigler reabrió sus puertas en 2007 en el Plaza Hotel en la Ciudad de Nueva York, epicentro de la elegancia desde su debut inaugural en 1931. Con una oferta de fragancias clásicas sumadas a versiones actualizadas que ofrecen giros emocionantes de las favoritas populares, Krigler prosigue con su larga tradición de ofrecer al mundo de la fragancia una artesanía excepcional. 

 

La Alta Perfumería organiza consultas personalizadas para aquéllos que buscan crearse un aroma realmente personalizado. Los clientes pueden crear fragancias o velas perfumadas con su propio sello contando con la ayuda en exclusiva de los maestros perfumeros de la casa Krigler.

 

Ben Krigler, propietario de quinta generación y fuerza motriz que está detrás del negocio en la actualidad.